D. Alberto Morante
D. Alberto Morante —sacerdote diocesano de Alcalá de Henares— nos recuerda en este bloque de «El Sacerdote» que Cristo es nuestra cabeza y que lo que nos mandó, debemos realizarlo para nuestra propia santificación y glorificación suya. Nos anima a seguir anunciando la buena noticia, la verdad. Y nos muestra a la Virgen Madre, paciente, humilde y sencilla, a la cual debemos imitar. «Me estoy preparando no solo para mí, para conocer más a Cristo y a la Iglesia, sino porque después, todo lo que aprenda, lo tengo que dar».
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D. Alberto Morante —sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España)— vivió, desde pequeño, en un ambiente muy mariano en su familia, gracias al cual fue conociendo a la Virgen María como Madre. Durante el discernimiento de su vocación, la Virgen estuvo muy presente. Por eso, nos invita a buscar e invocar a María en nuestro caminar espiritual, porque es el mejor modelo de mujer, esposa, madre, creyente… «Yo digo SÍ, como Ella, cada día y a cada instante», afirma.
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D. Alberto Morante —sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España)— fue ordenado presbítero el 18 de mayo de 2002. Nos cuenta cómo vivió el día de su ordenación, qué fue lo que más le impresionó de esa ceremonia en la que entró como diácono y salió como sacerdote. Recuerda a todos los seminaristas y matrimonios que el día en que reciben el sacramento del matrimonio y del orden sacerdotal, deben vivirlo intensamente, porque es el cimiento de todo lo que se va a construir después. «Yo caeré, yo me cansaré, pero Él no. Él permanece fiel».
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«El sacerdote se reviste de Cristo para hablar y actuar en su persona » D. Alberto Morante, sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España), profundiza en el ministerio del orden sacerdotal, detallándonos el significado de cada acción que realizan durante la ceremonia tanto el sacerdote como el obispo, y cuáles son los deseos de Cristo y de la Iglesia para el sacerdote.
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«Trigo que molido por la entrega de la vida se hace alimento para la vida del mundo» D. Alberto Morante, sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España), nos explica en qué consiste el ministerio del orden sacerdotal, de qué forma la Iglesia discierne si hay vocación o no, y cuáles son las funciones del sacerdote dentro de la Iglesia Católica.
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«El sacerdote es un hombre al que Dios ha elegido para ser en la Iglesia Cristo mismo ». D. Alberto Morante, sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España) nos recuerda que la misión del sacerdote no es otra que la de Cristo que, con su vida de fidelidad y obediencia, invitaba al mundo a la conversión para que pudieran alcanzar la misericordia y el perdón de Dios.
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D. Alberto Morante —sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España)— habla del misterio glorioso que cada día vivimos en el sacramento de la Eucaristía. A través del sacerdote, Cristo desciende de los Cielos para hacerse presente entre nosotros de una forma tan humilde y sencilla: un trozo de pan, que deja de ser pan para convertirse en el mismo Cristo que, dándose a nosotros, nos da vida.
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«El Señor iba preparando mi corazón para lo que Él tenía pensado y que yo, por aquel entonces, desconocía». D. Alberto Morante, sacerdote diocesano de Alcalá de Henares (Madrid, España), después del servicio militar y finalizados los estudios de formación profesional, trabajó en un colegio de las Hijas de la Caridad. Fue allí que, en una Semana Santa, se sintió llamado por el Señor a la vocación sacerdotal.
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A pesar de que la Iglesia ha explicado, de muchas maneras, por qué es necesario que el sacerdote viva célibe, nuestro mundo sigue insistiendo en hacer desaparecer el celibato con el pretexto del bien del sacerdote. Ante esto, D. Enric Roig Vanaclocha, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, argumenta desde su propia experiencia. Es cierto que el sacerdote tiene que luchar para vivir de este modo, pero gracias a este don puede entregarse con mayor disponibilidad a todos, y es el camino para que su corazón se estabilice y ensanche, ya que, no tiene que dividir su tiempo entre lo personal y lo ministerial, sino que todo él esta consagrado a llevar a Dios al mundo: «El celibato no es una carga sino una mediación para que nuestra vida ministerial sea como la de Jesucristo», afirma D. Enric.
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